Esa mañana en la más sórdida esquin

Se entretuvo viendo la televisión un rato. Siempre lo mismo, un día tendría que probar a sacarla del armario y enchufarla. Decidió probar algo más animado. Algo triste por dejar escapar un record una vez más, recogió toda la ropa sucia de los cajones, las esquinas y el sofá, y puso la lavadora por primera vez desde su llegada.
Mientras bebía lentamente un delicioso té verde con flores de "Osmanthus" de una jarra de casi un litro de capacidad, reflexionó, hipnotizado por las interminables vueltas de la lavadora sobre cómo aquel momento había sido posible. Sus pensamientos parecían girar con la ropa. Sonrió al recordar que tanto el té, como la jarra, como el hervidor de agua, como la lavadora, procedían de la basura.
Prelavado y reflexiones sobre el reciclaje y la reducción de resíduos. Hemos llegado a un punto donde el coste de la producción y el transporte es tan bajo que es preferible comprar algo nuevo a repararlo. ¿Qué hay del coste ambiental? ¿De dónde viene el plástico? ¿A dónde va?
Primeras vueltas del lavado normal y reflexiones sobre la sociedad de consumo y la destrucción del mundo. Algo deprimido, masticó de nuevo la idea de que el fin del mundo no sería un apocalipsis espectacular de fuegos artificiales, azufre, y música tecno radioactiva. El fin llegará dulcemente en forma de hastío, adormecidos y drogados en nuestro propio y confortable mundo. Más allá de la cúpula del trueno, Mad Max no tiene nada por lo que luchar.
Un calcetín amarillo quedó atrapado en la portezuela mientras todo giraba detrás, reflexiones sobre la vida y sus devenires, sus idas y sus venidas.
El calcetín se liberó y continuó girando, somos como hojas secas en el río, sin apenas conciencia del resto, fijándonos solo en nosotros mismos y nuestra errática trayectoria. Nuestras acciones son más fruto de la rutina que de la razón, la inercia de los días se hace imparable.
Visión de un calzoncillo arrugado mientras viene una segunda carga de agua: los horrores del mundo. Nuestro propio egoísmo, las malas pasiones, odios absurdos, frustraciones, engaños, el veneno del alma, el mal sin nombre, fuerzas oscuras, criaturas de las sombras, los que respiran en la oscuridad, la Letrina del Terror. No pudo evitar acariciarse la cicatriz del brazo, un gesto supersticioso e inconsciente para apaciguar a los Grandes Dioses de la Selva, para ahuyentar las sombras.
Segunda fase del lavado normal, la horrible visión desapareció, engullida por unos pantalones y una camiseta azul celeste. Aunque tratemos de ignorarlo, los calzoncillos del mundo están ahí, aunque no los veamos.
Llegó el centrifugado. Gritos de excitación, la lavadora agitaba enloquecida. Por un momento solo observó la lavadora entusiasmado, luego, conciencia de que otro mundo es posible. Tal vez quede esperanza en algún sitio.
Decidió salir a la calle, pero cambió de idea al recordar que debía tender la ropa. Mientras extiendía sus pertenencias por la barandilla de la ventana en la brillante luz del mediodía, sonó el timbre.
Un cuarto de hora después, llamas de un metro de altura


Foto 1:
1) Típico canal de Ámsterdam, son su típico puente y su típica agua verde-marronácea,
2) Típico barquito de Ámsterdam.
3) Típico arbolito de Ámsterdam, de tronco enverdecido por el verde verdín.
4) Típica bicicleta de Ámsterdam, muy alta, negra, oxidada, con una única marcha y que sólo frena si pedaleas hacia atrás.
5) Típica gente haciendo cosas raras en Ámsterdam (en este caso, posando desnudos).
6) Típico edificio de ladrillo de Ámsterdam.
7) Típica ventana sin persianas ni cortinas de Ámsterdam, costumbre calvinista que dice que si no tienes nada que ocultar, no debes usar cortinas o algo así.
Foto 2: dramatización del incendio en la sartén.
Foto 3: mi modelo de licuadora.